Hay momentos en la vida en los que el ser humano se detiene a pensar.
Momentos en los que, al recordar a Dios o al reflexionar sobre el evangelio de Cristo, algo dentro de nosotros parece despertar. El corazón se entusiasma, el ánimo cambia y surge una sensación profunda de esperanza.
No es una emoción pasajera ni un simple estado de ánimo. Es una respuesta que nace desde lo más profundo del ser humano.
El evangelio enseña que dentro del hombre existe una evidencia de la obra de Dios. Algo que trasciende lo material y que conecta al ser humano con su origen.
El Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín explicó esta realidad con una enseñanza profunda:
“Porque dentro de nosotros mismos llevamos prodigios, que son una prueba viva de la sabiduría, del poder y de la bondad de Dios, un monumento subsistente de su gloria.”
ADJ NJG
11 de agosto de 2024 – Los Ángeles, California
Estas palabras nos invitan a reflexionar sobre la naturaleza misma del ser humano. La Biblia enseña que cuando Dios creó el mundo, muchas cosas fueron hechas simplemente por su palabra: la luz, los cielos, los animales y el orden de la creación.
Pero cuando llegó el momento de crear al hombre, el relato cambia.
Dios no solamente habló. Dios formó al hombre y sopló en él aliento de vida.
Ese aliento es el alma.
Por eso el ser humano posee una dimensión espiritual que le permite reconocer a Dios, sentir compasión, practicar la bondad y reflejar en su vida los atributos de su Creador.
Cuando el evangelio obra en el interior del hombre y de la mujer, esa obra comienza a hacerse visible. Se manifiesta en la misericordia, en el amor al prójimo y en una vida orientada hacia lo bueno.
En este episodio del podcast reflexionamos sobre esta verdad: el ser humano no es solamente materia. Dentro de él existe un prodigio que da testimonio de la sabiduría, del poder y de la bondad de Dios.
Escucha el episodio completo en el reproductor a continuación.